En el frío de la noche encontré tu caraera de niebla fría y se disolvía con el viento
te besaba y mis labios se perdían en la nada
te miraba y tu piel se volvía de cristal.
A la mañana siguiente estabas a mi lado
de carne y hueso, sonriente y viva
pero no pude saber quien eras.
Te perdí una vez y te sigo viendo
en cada esquina que vuelvo la cabeza
te sigo besando cada vez que cierro los ojos
y sigues a mi lado cada vez que sueño.
Y todos los años, en los mismos días,
vuelvo a recorrer el mismo camino
que me lleva otra vez a tu memoria
que me lleva a tus brazos de ángel.
Sé que sigues aquí.
